Exhibicionismo

Una vuelta de hoja más, el deseo por exponerse ha existido siempre desde tiempos inmemoriales. No es tanto la necesidad de mostrar como la excitación que produce comprobar las reacciones de los destinatarios del exhibicionismo.

Normalmente, el exhibicionista quiere provocar algún tipo de reacción, ya sea escandalizar, ruborizar, sorprender, o causar rechazo, vergüenza o incluso admiración. En el otro lado existe la figura del voyeur, aquel que mira a quien (con mucha probabilidad) es consciente de estar siendo observado y también obtiene excitación a cambio. Así que se trata de un intercambio que en muchos casos es consentido y en otros tantos es involuntario por una de las dos partes.

El sexo o las actitudes sexuales en lugares públicos son bastante frecuentes. La playa, un parque, un aparcamiento o a veces un portal. Lugares más o menos retirados o visibles, dependiendo del nivel de riesgo que cada uno esté dispuesto a asumir.

Ese nivel es bastante alto cuando se trata de las productoras de pornografía y se arriesgan bastante a grabar en espacios al aire libre, o cerrados, pero de carácter público. De hecho, se ha puesto de moda una práctica que consiste en establecer el set de rodaje dentro de un camión con paredes que son cristales tintados. Así, desde fuera solamente se ve un cubículo negro mientras que desde dentro la actividad frenética sexual se desarrolla con el fondo de las calles de la gran ciudad, por ejemplo. Viandantes cruzan los pasos de cebra, familias enteras pasean por las aceras, gente que toma un aperitivo en las terrazas… y todo a la vista del equipo de filmación y los actores, que se dan a su tarea con el morbo extra añadido de poder ver, pero nunca ser vistos (aunque muchas personas sí saben lo que está sucediendo en el interior). Otra vuelta de tuerca más a este fetiche tan extendido.

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